| Una historia contada en 20,411 mañanas La última edición impresa de El Nuevo Día marca el fin de una era en papel, tras más de cinco décadas de acompañar a Puerto Rico y documentar desde sus páginas los acontecimientos que han marcado al país.
El Nuevo Dia Con la edición de hoy, El Nuevo Día cesa su versión impresa: el “Año LVI. Vol 20,411” queda, por lo tanto, fijado en la eternidad como un poderoso símbolo de lo que se hizo desde estas páginas durante los pasados 56 años y, a la vez, del compromiso que renueva la gerencia del medio de continuar informando a Puerto Rico desde las plataformas en las que en este tiempo más acude la gente a informarse. Desde afuera, no siempre hay una idea clara del trabajo que supone armar un periódico diario, que es un producto al que, cada mañana, hay que empezar a hacer de nuevo, casi como si el día anterior no se hubiera hecho nada, porque las noticias nunca son las mismas una jornada tras otra y las gestas de un pueblo, que es la materia prima de los medios informativos, se renuevan día a día. De ahí, entonces, el enorme peso del 20,411. Fueron 20,411 mañanas en las que un editor se levantó pensando en cuáles eran las noticias de todo tema que la sociedad necesitaba conocer ese día; en las que reporteros salieron a descubrir una verdad para después comunicarla al país; en las que fotógrafos salieron cámara en mano a capturar las imágenes que contaban la historia y en que otros editores recibieron las historias, las editaron, colocaron en página, titularon y enviaron a imprenta. Durante esos 20,411 días, ya en la noche, obreros recibieron las páginas en la imprenta, las sometieron a los procesos en que se le imparte tinta y color, las colocaron en las prensas, las vieron salir ya pareciendo un periódico, intercalarse y acomodarse en estibas a ser colocadas en los camiones que en lo profundo de la madrugada salían a todos los rincones del país cargados con periódicos calientes como pan, que dejaban en puntos donde eran recogidos por los que los llevaban a casas, luces o comercios. La conclusión del proceso era, por supuesto, lo más importante: durante 20,411 mañanas, residentes de Puerto Rico de todo tipo recibieron un periódico impreso que los informó, educó, entretuvo y divirtió y con el que creó una relación con el medio y la marca que la gerencia y la familia dueña del medio esperan que continúe en la fase exclusivamente digital en la que, siguiendo una tendencia global, El Nuevo Día y Primera Hora, el otro diario de GFR Media, se suman ahora. Para el momento en la mañana en que un lector tenía en sus manos un periódico El Nuevo Día, el proceso para preparar, casi desde cero, la edición del siguiente ya había comenzado. “El papel fue la gran plataforma de lanzamiento del digital, desde 1909, cuando ‘El Día’ de Ponce existía. Nosotros salimos de ahí. (El papel) ha sido el gran espacio donde Puerto Rico se vio y se reconoció”, dice Luis Alberto Ferré Rangel, uno de los cinco hijos de Antonio Luis Ferré, fundador de El Nuevo Día. Luis Alberto dirigió el periódico por 22 años, desde 1996 hasta 2018. El Nuevo Día surgió cuando, en 1970, Antonio Luis Ferré le compró “El Día”, que operaba desde Ponce, a su padre, el exgobernador Luis A. Ferré, quien lo había adquirido en 1945, pero prefería no conservarlo tras ganar las elecciones de 1968. Antonio Luis Ferré estudió empresas en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Pero desde adolescente tenía una vena literaria que lo hizo mecerse al mundo de las letras, las artes, las ideas y el periodismo, recuerda el historiador Guillermo Baralt, quien escribió tanto la biografía del exgobernador Ferré como la historia de El Nuevo Día desde sus orígenes en Ponce. “Siempre me estuvo fascinante que cuando él (Antonio Luis Ferré) escribe a sus padres (desde la universidad en Estados Unidos), lo que está hablando es del último libro que leyó de (los escritores españoles José) Ortega y Gasset o de (Miguel de) Unamuno o de los grandes poetas norteamericanos de la época, como (Robert) Frost, que defendía el ambiente”, cuenta Baralt. “Antonio Luis tenía esa mezcla de la filosofía, de la historia, que cuando surge la oportunidad de comprar el periódico, él se veía bien siendo director, porque él era un empresario, de eso no hay duda, pero él tenía ese bagaje de escritor”, agrega Baralt. En un documental producido por la familia Ferré Rangel a mediados de los 2000 para consumo interno, Antonio Luis Ferré, quien falleció el 16 de junio de 2024 a los 90 años, contó a sus nietos que la persona que lo interesó en las letras y en el periodismo, fue su madre, Lorencita Ramírez de Arellano. “Ella era una persona apasionada de la literatura y una mujer de grandes principios también. Y, desde pequeñito, pues, ella influyó sobre mí para que yo viera los valores que hay en la literatura”, afirmó Antonio Luis Ferré, cuya hermana, Rosario, fue una laureada escritora. Antonio Luis Ferré le compró “El Día” a su padre, lo mudó a San Juan, estableció su primera sede en Puerta de Tierra y, el 18 de mayo de 1970, publicó la edición Año I. Vol 1. La dirección del periódico estuvo durante su primera década y media a cargo de Carlos Mauricio Castañeda, un experimentado periodista cubano que revolucionó el mundo del periodismo en Puerto Rico al introducir conceptos y prácticas que aquí no se acostumbraban, como fotos grandes, publicaciones tipo revista y atención a temas de deportes y farándula. “Los periódicos en Puerto Rico eran sábanas de texto y texto”, recuerda Baralt. El crecimiento de El Nuevo Día fue imparable desde el principio. A Castañeda, quien murió en el 2002, le gustaba recordar que el diario se hizo sentir “en el mapa periodístico de Puerto Rico” a menos de dos meses de su fundación, por el tratamiento que dio al triunfo de Marisol Malaret en el concurso de Miss Universe el 11 de julio de 1970. El periódico puso el triunfo en portada y le dio un enorme despliegue en sus páginas interiores a un evento que, recordaba Castañeda, “los otros periódicos realmente habían descuidado”. Baralt cuenta en el libro “Historia de El Nuevo Día: 1909-2000” que al periódico no le tomó ni una década convertirse en el principal diario de Puerto Rico, pues en 1979 alcanzó una circulación de 149,000 ejemplares, se le agregaron nuevas secciones, inauguró su celebrada edición dominical y superó la facturación en publicidad de los demás periódicos. Cuando a mediados de los años 80, problemas financieros y laborales llevaron al cierre del periódico El Mundo, que existía desde 1919, El Nuevo Día se consolidó como el diario número uno de Puerto Rico. “Para él (mi padre), El Nuevo Día era como el lugar donde se pueden custodiar esos derechos, esos principios y esos valores que son los que hacen la democracia y que son parte fundamental del progreso y crecimiento de un pueblo. Así que para él, El Nuevo Día, además de un negocio, era un sitio donde se podía hacer mucho”, cuenta María Luisa Ferré Rangel, hija de Antonio Luis Ferré, publisher de El Nuevo Día y principal oficial ejecutiva del Grupo Ferré Rangel, la empresa matriz de GFR Media. “La relación de El Nuevo Día con Puerto Rico durante los pasados 56 años ha sido narrar la historia de nuestro país todos los días. Los acontecimientos que nos dan alegría, los acontecimientos que nos dan tristeza, los acontecimientos que nos unen. Esa ha sido realmente la labor del periódico, escribir esa historia, no solo para los puertorriqueños, sino para todo el mundo”, agrega, por su parte, su hermana, María Eugenia Ferré Rangel, presidenta de la Junta de Directores de GFR Media. LA CAÍDA DE LA LECTORÍA EN PAPEL A mediados de los años 90, cuando El Nuevo Día llegó a tener una circulación dominical de cerca de 200,000, surgió la tecnología que, eventualmente, enamoraría a las audiencias de manera tal que, durante los pasados 25 años, la circulación y existencia de periódicos impresos comenzó a sufrir imparables descensos: el “world wide web”, o el internet. El Nuevo Día fue el primer medio en internet en Puerto Rico. En 1993, cuando el internet era una cuestión bastante exótica de la que muy pocos habían oído hablar, Antonio Luis Ferré se enteró del asunto y pidió a su hijo Luis Alberto un reporte sobre la nueva tecnología. Así, en 1997, inauguró El Nuevo Día Interactivo y en septiembre de 1998 fueron las actualizaciones durante el paso del huracán Georges por Puerto Rico. “A partir de ahí, no hubo vuelta atrás”, recuerda Luis Alberto. Entre todo lo que transformó en la historia de la humanidad, la internet, y después las redes sociales y ahora la inteligencia artificial, han trastocado de maneras insospechadas los patrones de distribución y de consumo de información. 149,000
La circulación de El Nuevo Día en 1979. 200,000 La circulación
dominical de El Nuevo Día a mediados de los años 90. “Para
él (mi padre), El Nuevo Día era como el lugar donde se pueden
custodiar esos derechos, esos principios y esos valores que son los que
hacen la democracia y que son parte fundamental del progreso y
crecimiento de un pueblo...” María Luisa Ferré Rangel, editora de El
Nuevo Día Y principal
oficial ejecutiva del Grupo Ferré Rangel
. “La
relación de El Nuevo Día con Puerto Rico durante los pasados 56 años
ha sido narrar la historia de nuestro país todos los días. Los
acontecimientos que nos dan alegría, los acontecimientos que nos dan
tristeza, los acontecimientos que nos unen. Esa ha sido realmente la
labor del periódico, escribir esa historia...” María Eugenia Ferré
Rangel, Presidenta de la Junta de directores de GFR MEDIA. “Con el periódico impreso, la relación es bastante sencilla. El lector recibía el periódico en su casa o iba a una gasolinera a buscarlo y leía las noticias que habían sido seleccionadas por un grupo de editores el día anterior. No obstante, llegó el internet y eso cambió la manera en que consumíamos las noticias. Después vinieron los teléfonos inteligentes y las redes sociales y eso agregó varias capas de complejidad en cómo consumimos información”, dice Carlos Martínez, editor sénior de Estrategia Digital en El Nuevo Día. Martínez recordó que el informe anual de consumo de noticias del Reuters Institute de 2026, que es el estudio más detallado del sector que existe, indicó que la lectoría de periódicos impresos ha caído en doble dígito durante la última década, mientras el grupo que sigue leyendo prensa impresa no crece. Durante los últimos 20 años, en Estados Unidos han cerrado cerca de 3,500 periódicos, incluyendo 136 durante el último año, lo cual le ha costado el empleo a unos 270,000 periodistas, según el Instituto Poynter, que estudia estos temas. La reducción en el número global de periódicos, más los aranceles, causaron aumentos dramáticos en el costo, y la accesibilidad del papel, que se produce mayormente en Canadá. Wilson Casiano, supervisor en el área de producción de GFR Media, dice que una tonelada de papel costaba hace poco $635 y recientemente el precio superaba los $900, un aumento de más de 40%. “No hemos tenido escasez de papel, pero hemos estado manejando un inventario muy bajito”, señaló. Mientras esto ocurre, durante los pasados 30 años la audiencia de El Nuevo Día se ha ido desplazando de manera imparable hacia las plataformas digitales. En este momento, el medio tiene 26,000 suscriptores en papel y 27,000 que pagan por acceso premium en digital, lo cual constituye la primera vez en la historia de El Nuevo Día que los segundos son más que los primeros. Además, se promedia 3.4 millones de usuarios único al mes, una cifra que supera con creces cualquiera que se hubiera logrado a través del impreso. “Ya las audiencias decidieron por nosotros”, dice María Luisa Ferré Rangel. Luis Alberto Ferré Rangel, quien dirigió la redacción desde los inicios de esta transformación, cree, al igual que el resto de sus hermanos, que el camino hacia lo digital era inevitable y que el papel ya cumplió su función. “Toda tecnología tiene fecha de expiración, incluyendo la digital en sus distintas etapas. Así que llegó el momento en que las audiencias nos pidieron que nos moviéramos a lo digital”, concluyó. “Antonio Luis tenía esa mezcla de la filosofía, de la historia, que cuando surge la oportunidad de comprar el periódico, él se veía bien siendo director, porque él era un empresario, de eso no hay duda, pero él tenía ese bagaje de escritor”
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